Comencé a correr. Correr sin mirar atrás.
No podía dar marcha atrás. Y tu no querías que diera la vuelta.
Corrí hacia la meta creyendome ganadora.
Pero mientras más corría más largo y duro se hacia el camino.
Resulta que no hay meta ni hay podio.
Y hoy me he dado cuenta: no hay ganadores en esta historia.