martes, 5 de mayo de 2015

Palabras ocultas.

Mi música grita más palabras de las que yo me atrevo a pronunciar.
Mis metáforas están plagadas de dobles sentidos y sin sentidos.
Están hechas para ocultar toda una realidad.
Una realidad que parece mentira.
Pero una mentira realmente dulce...

Luz

Hoy he encendido una vela como solía hacer antaño.

La he encendido por ti.
Mentira.
Ha sido,
por mí.

Quiero que esta vez haga de faro, que me guié y no me deje correr cuesta abajo. Correr hasta tropezarme contigo, una vez más. Esta vez quiero darle rienda suelta a mi orgullo. Por una vez voy a concederme eso. Por esta vez. Aunque duela.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Barro en las manos.

Intento tocar el barro a pesar de todas las advertencias.

Pienso: "si solo lo toco un poco no acabaré manchada o tan solo mancharé un poco mis dedos". Pero una vez más me trato de engañar a mí misma, por un momento, como si no supiera como funciona el barro. Quizás al principio solo ensucie mis dedos, pero tarde o temprano también mancharé mis manos, mis brazos, mis pies y probablemente acabe manchando mi vestido nuevo.

Esta vez me mancharé de barro una vez más. Solo hoy.

Pero después me tiraré al río, me sumergiré y limpiaré todo rastro de suciedad. Saldré a la orilla con mi vestido nuevo, mojado, limpio... y esta vez resistente a las manchas de barro.

jueves, 8 de enero de 2015

Juegos de azar y otras verdades

Los puntos se han caído de la mesa. Han saltado y rebotado en cada rincón de la habitación. Están esparcidos por el suelo junto a mis zapatos y los suyos.

Algunas cartas también han volado en cualquier dirección pero distingo algunas de mis cartas cerca del desastre de ropa y copas. Distingo dos ases. Entre corazones y tréboles. Entre cartas negras y cartas rojas.

Hay más cartas tiradas por el suelo y sobre la mesa pero las suyas una vez más siguen siendo un misterio para mí...


domingo, 4 de enero de 2015

Juegos de azar y otras mentiras

Miro mis cartas. Le doy una nueva calada a su cigarro y dejo que el humo se escape entre mis labios. Lo dejo junto a la montaña de puntos que se ha acumulado sobre la mesa, nada de fichas en este juego. Nada de reglas. Nada de excusas. Solo puntos.

Me muerdo el labio y tomo la decisión de apostarlo todo. Una vez más apuesto por encima de mis posibilidades como si no supiera que mis cartas no valen nada. Usted, jugador experto, estratega hábil  mira fijamente mi rostro, lo sabe. Sabe que es un farol.

Está esperando una señal de debilidad, espera que me eche atrás, espera que recoja mis pertenencias esparcidas sobre la mesa e incluso por el suelo y salga corriendo. Pero no quiero hacerlo.

Es hora de mostrar sus cartas.