viernes, 8 de marzo de 2013

Princesa sin castillo

No importa lo dura que aparentes ser. No importa lo reacia que seas a maquillarte. No importa cuanto grites que odias el rosa. No importa que muestres tus desagrados ante cualquier falda vaporosa.

Todas tenemos una niña boba que cree en las princesas y en los cuentos de hadas. Todas queremos un príncipe azul que nos ame incondicionalmente y un hada madrina que con su varita mágica nos solucione los problemas al instante.

Todas queremos unas palabras bonitas. Porque una simple palabra de nuestro príncipe dibuja una sonrisa constante en nuestro rostro. Queremos sorpresas y detalles que nos enamoren cada día. Anhelamos esa historia irreal y llena de amor que tantas veces hemos visto en esas películas.

Pero esto no existe. Los príncipes azules no vienen en un corcel blanco a rescatarnos y las hadas madrinas no aparecen en el momento exacto.

Las propias princesas ya no creen en los cuentos de hadas.

Guerra

Hoy estoy cansada de luchar contra mí misma.

Hoy quiero llorar y meterme en la cama. Hoy quiero dejar de intentar ser fuerte y dejar que mis inseguridades se adueñen de mi cabeza.

No puedo. No puedo permitirme caer. No puedo permitirme mostrarme débil... Si lo hago, probablemente perdería todo, todo aquello que tanto me ha costado.

Pero mis lágrimas tienen otro plan. Ellas quieren salir y surcar mis mejillas. Quieren fluir libremente. No importa todo lo que haya aprendido para evitar que mis lágrimas caigan, no importa cuantos ensayos haga para que no se adueñen de mi cara. Inevitablemente hoy están aquí. Y no van a marcharse.

Estoy cansada de ser racional, de regañarme a mí misma por aquellas cosas que sé que están mal si las pienso o las hago. Sé que no debería pensar tanto, pero es algo que no puedo evitar. Mi lado emocional esta roto. Esta perdido y a veces no sabe que creer.

Estoy agotada de la guerra que se produce constantemente en mi cabeza. Estoy cansada de mediar entre lo racional y lo emocional.

Derrota.