lunes, 30 de junio de 2014

Tipos de finales

Hay finales que nunca llegan y otros que se repiten. Finales con nuevos comienzos y comienzos con finales escritos; finales felices y otras veces difíciles.

Los hay también de los que llegan sin avisar, sin que te de tiempo a decir adiós donde el silencio es la última palabra y tu imaginación la única conocedora de una explicación.

Y es que no hay adiós más triste que el que no se dice. Pero más triste es el que no se explica.

sábado, 21 de junio de 2014

A tres caladas de olvidarte

El desamor es como un cigarrillo. Arde a la hora de encenderlo y calada a calada notas como poco a poco te va consumiendo hasta que solo quedan cenizas.

Ciertamente es así, el desamor empieza en cualquier momento y de cualquier manera: puede que con una gran explosión, o con algo tan insignificante como el click de un mechero. Pero poco a poco, vas sintiendo como te llena el pecho, te ahogas, cada vez cuesta más respirar y es entonces cuando te das cuenta de que vives en una constante nube de humo que no te permite ver más allá de él.

Entre calada y calada, lo dejas en el cenicero, para reposar para que no queme tanto, para intentar que duela menos. Pero es imposible, somos tan adictos al amor como al desamor y aunque sepamos que va a matarnos necesitamos encenderlo de nuevo y sentir como nos rasca la garganta, como nos quema el alma lentamente.

No conocemos la razón de por qué lo hacemos. Quizás el desamor es la metadona del amor, necesitamos consumir nuestra dosis diaria para pasar el mono, pero al menos sabemos que poco a poco, calada a calada, se irá consumiendo hasta quedar en simples cenizas.

El momento clave es cuando ya te lo has fumado todo y llegas a las letras; es ese instante en el que te miras al espejo y decides si quieres seguir en ascuas o tirar la colilla, si prefieres acabar con ello o consumirte hasta que solo quede el filtro. Aunque también tienes la opción de sacar otro de la caja y seguir en la misma rueda de fuego, humo y cenizas.

Pero no, hoy he decidido fumarme el tiempo, llenar mis pulmones de momentos y experiencias de esas que te dejan sin respiración, que el humo me emborrache y que no me deje en el colillero. Por lo tanto, no me desespero, porque tanto tú como yo sabemos que estoy a tres caladas de olvidarte...

Simplemente por inercia

Siempre acabo volviendo, volviendo a intentarlo de nuevo.

Me empujas lo suficientemente fuerte como para que me derrumbe lejos, donde tú no puedas verme y así la conciencia y el corazón no te molesten. Me empujas lo suficientemente suave como para que no me pierda y encuentre el camino de vuelta.

¿Y si desaparezco? ¿Y si te vuelvo a buscar?

Y aparezco al final. Siempre por inercia. Solo puede ser por eso. Si no, es imposible explicar que este dispuesta a soportar esto.

¿Y si desaparezco? ¿Y si esta vez desaparezco?

Tú no vendrías a buscarme. En realidad lo sé. Siempre lo he sabido. Debería ser razón suficiente para que desaparezca de verdad. Y así acabar con este juego de una vez.

El juego ha terminado. En realidad terminó antes de empezar.