Hay finales que nunca llegan y otros que se repiten. Finales con nuevos comienzos y comienzos con finales escritos; finales felices y otras veces difíciles.
Los hay también de los que llegan sin avisar, sin que te de tiempo a decir adiós donde el silencio es la última palabra y tu imaginación la única conocedora de una explicación.
Y es que no hay adiós más triste que el que no se dice. Pero más triste es el que no se explica.
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