domingo, 4 de enero de 2015

Juegos de azar y otras mentiras

Miro mis cartas. Le doy una nueva calada a su cigarro y dejo que el humo se escape entre mis labios. Lo dejo junto a la montaña de puntos que se ha acumulado sobre la mesa, nada de fichas en este juego. Nada de reglas. Nada de excusas. Solo puntos.

Me muerdo el labio y tomo la decisión de apostarlo todo. Una vez más apuesto por encima de mis posibilidades como si no supiera que mis cartas no valen nada. Usted, jugador experto, estratega hábil  mira fijamente mi rostro, lo sabe. Sabe que es un farol.

Está esperando una señal de debilidad, espera que me eche atrás, espera que recoja mis pertenencias esparcidas sobre la mesa e incluso por el suelo y salga corriendo. Pero no quiero hacerlo.

Es hora de mostrar sus cartas.

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