miércoles, 12 de septiembre de 2012

Papel arrugado

Coge un papel; arruga ese papel hasta convertirlo en una bola; con el papel entre tus manos discúlpate, será una disculpa sincera porque realmente estas arrepentido de lo que has hecho; ahora coge la bola de papel e intenta que el papel vuelva a ser como era: liso, sin arrugas, perfecto.

¿Has podido? No, esa es la dura verdad. No puedes hacer que el papel vuelva a ser lo que era.

Eso es lo que ocurre con las acciones, con las discusiones, con las palabras, con los gestos, con las miradas... Cada hecho influye. Cada arruga en ese papel deja una marca. Puedes arrepentirte y perdonar pero siempre quedará esa arruga para recordarte aquello que has vivido. No se trata de rencor, de no saber perdonar, se trata de que cada arruga trae consigo una experiencia, una lección que nos hemos visto obligados a aprender.

Esas son las lecciones que de verdad importan aquellas que dejan una marca bien profunda. Son las más valiosas pero también son las más dolorosas.

Siempre hay que sacar fuerzas, no permitir que esa herida nos consuma. Es muy díficil, lo sé, pero no es imposible.

¿Volverá un día ese papel a ser lo que era?  Me gustaría pensar que si pero algo dentro de mí me dice que no es posible

El tiempo pasará para ese papel y mientras el tiempo avanza el papel seguirá su camino, uno lleno de nuevas experiencias y nuevas lecciones que tambien deberá aprender.




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