Me gustan los cuentos de hadas, de princesas, de amores imposibles que se cumplen, de amores para toda la vida. A ti no te gustan los cuentos, y menos que te los cuenten, las princesas despistadas te producen escalofríos y las historias de amor te suben el azúcar.
La música fluye por ti, con unos simples acordes eres capaz de reconocer cualquier melodía. No hay una década ni un estilo musical que se te escape. Los clásicos y los grupos imposibles te acompañan. De mis dedos no sale ningún acorde. A veces no soy capaz de diferenciar entre The Beatles y The Rolling Stones. Soy capaz de escuchar la música más absurda y variada.
Me ahogo en un vaso de agua. Necesito hacer planes para todo y organizar todo a mi alrededor. Tengo un plan con cada letra del abecedario. Tu nadas rápidamente para alejarte de la marea. Los planes no existen para ti.
Lo tuyo es el helado de vainilla. Lo mío el de chocolate.
Las lágrimas son una constante en mi vida: lágrimas amargas, lágrimas de rabia, lágrimas de impotencia, lágrimas de felicidad... La paciencia es algo que he tenido que aprender. Las lágrimas no forman parte de la tuya. La paciencia no es la virtud que te caracteriza.
Tu no me escribes y no me lees. Yo te escribo y ansío leerte.
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