Alguien me dijo una vez que los marineros sabios y curtidos, aquellos que se juegan la vida diariamente, no se enfrentan a los vientos ni al oleaje. En cambio se dejan sacudir y se agarran a los palos amarrándose a ellos en espera de que el viento amaine. Y una vez la tormenta ha pasado, a seguir pescando. Y así un día, y otro, y otro...
Vienen olas grandes. Puede que nos ahoguemos en el intento o puede que nos haga más fuertes. Pero eso solo depende de nosotros.
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