sábado, 28 de julio de 2012

El letargo de las mariposas

¿Qué pasa con las mariposas? ¿Quién piensa en ellas?

Al principio vuelan libremente. Producen un cosquilleo que no te deja dormir, que te hace sonreír como una idiota y te hace ver el mundo de otro color, uno brillante capaz de opacar cualquier tristeza.

Pero cuando todo acaba ¿dónde van a parar esas mariposas? Ellas siguen ahí, en el mismo sitio. Porque no pueden escapar, porque no pueden ser libres, porque para ellas nada ha cambiado. Pero han decidido por ellas y alguien les ha dicho que no pueden seguir con su vuelo.

Han perdido su brillante color azul, han perdido su magia e incluso algunas están tan heridas que no pueden volar con la misma elegancia de antes. Ahora no producen ningún cosquilleo y ni siquiera hacen sonreír. Ahora su color predominante es el gris. En cambio son capaces de producir las lágrimas más amargas que existen. Unas que no encuentran consuelo con nada y son capaces de aparecer con el simple sonido de una melodía, con una imagen gastada o incluso con un nombre que antes te hacía sonreír.

Pero a pesar de todo el daño que les produce ellas siguen con su vuelo. Ellas insisten en volar aunque sus alas estén rotas y gastadas. Aunque con su vuelo solo consigan hacerte derramar ríos de lágrimas amargas.

Con el tiempo algunas de esas mariposas entran en un letargo profundo. Se quedan paralizadas en un rincón oscuro, cubiertas de polvo. Paralizadas. Flotando en un cúmulo de recuerdos y lágrimas.

En cambio queda una. Una muy pequeña con el color casi gastado por el paso del tiempo y con sus bonitas alas rotas. Ella sigue volando. Un vuelo torpe, pero un vuelo al fin y al cabo. Ella da vueltas, sola, entre sus compañeras. Ella no pierde la esperanza de que un día todas vuelvan a retomar su vuelo y consigan ese brillo que las hacía especiales.

Ella se llama Esperanza.

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